Los que van a heredar te saludan


Un subespecie de la raza humana, o al menos eso aseguran quienes entienden de esto, se ha instalado como “pièce de résistance” del neoliberalismo, y absolutamente imprescindible para su lamentable triunfo. Me refiero a esa caterva, a esa mafia que, sin tener siquiera conciencia de su propia existencia, SIRVE de soporte AL CAPITALISMO que nos invade y nos domina.

En todas las empresas, grandes o pequeñas, hay por lo menos uno. Suelen ser personas ambiciosas, enfermedad esta que pueden tener de nacimiento o contraer posteriormente. El tipo de ambición que estos individuos desarrollan y perfeccionan es una patología que posee una gran cantidad de síntomas, por lo que resulta fácilmente identificable. No pocos de estos síntomas están bien descritos y ha sido objeto de diversos y concienzudos estudios. Veamos algunos de ellos:

—De forma totalmente voluntaria y entregada trabajan más horas de las que encuentran reflejadas en su nómina.

—De forma totalmente voluntaria sacrifican parte de su tiempo libre para atender asuntos menores de las empresas que les pagan, o incluso asuntos menores de los dueños de las empresas que les pagan.

—De forma totalmente voluntaria se arrogan el papel de “vigilante de la clase” en ausencia del dueño de la empresa. Reportando a éste a su vuelta, todo tipo de incidencias que puedan implicar un correctivo más o menos severo a uno o varios de sus compañeros.

—De forma totalmente voluntaria ejercen la difícil (y nunca suficientemente reconocida) labor de espía. Convirtiéndose para mayor ilusión suya, en los ojos mismos de quien les paga.

—Poseen las llaves para abrir y cerrar las puertas de la empresa. Cosa que les encanta hacer a diario: entrar los primeros y salir los últimos.

—De forma totalmente voluntaria acortan, o incluso anulan totalmente, sus vacaciones en beneficio de unos mejores índices de productividad para la tan necesitada empresa.

Hay muchos otros síntomas que estos individuos desarrollan, pero esta es una muestra más que suficiente para que todo el mundo pueda identificarles.

A cambio de estos pequeños sacrificios, los herederos, obtienen la mayor parte de las veces misericordiosos aumentos de salario. Pero no siempre es así, en ocasiones reciben a cambio de su esfuerzo pequeñas distinciones que le proporcionan mayor envergadura o altura social, como puedan ser “móvil de empresa”, “coche de empresa” y tantos otros que todo el mundo conoce (incluso hasta del tipo “colegio de las niñas” he visto yo). En muchas ocasiones, este segundo tipo de recompensa vale para el heredero mucho más de lo que le cuesta al empresario, y esto es algo que se debe a la extremadamente blanda y llena de resquicios, legislación fiscal.

Los herederos, son trabajadores que, de alguna manera inconsciente, albergan esperanzas de recibir en herencia el legado del empresario para el que se desviven durante años. Sin tener en cuenta que dicho empresario está rodeado de sus propios ambiciosos (hijos, hermanos, primos lejanos…) que no dejarán ni una migaja en el plato.

Los herederos son personas que, en algún momento de sus vidas, han perdido todo rastro de dignidad, todo rastro de compañerismo. Son personas que anteponen pequeñas distinciones y recompensas individuales al bien colectivo. Son personas que han sido adiestradas a través de la ambición para identificar como negativo todo aquello que tenga como finalidad el bien colectivo.

Son personas utilizadas por el sistema capitalista como fuelle de presión entre el ambicioso y lo ambicionado, como línea divisoria entre clases sociales. Son casos especialmente crueles de esta enfermedad aquellos en los que el heredero asegura ser consciente de esta utilización y da, para colmo, su pleno consentimiento.

El medicamento que el capitalismo receta para aquellos enfermos que sufran ramalazos de arrepentimiento, viene en forma de frase con poderes calmantes, paliativos, analgésicos y narcóticos: “Si no lo haces tú, lo hará otro”

Parece claro pues, que otro mundo mejor sería posible sin la alianza de los ambiciosos. Quitémosles la venda para que puedan decir alto y claro “los que íbamos a heredar te saludan”. Allanemos el camino para acabar con la ambición que permite que una inmensa minoría domine cruelmente a una inmensa mayoría.

Por una campaña de detección precoz de esta enfermedad: “Contra la ambición: educación”

Después de todo puede que solo sea una impresión mía, pero creo que la ambición es la única enfermedad cuyos síntomas los tiene un individuo y sus efectos los padece toda una sociedad.

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2 Respuestas a “Los que van a heredar te saludan

  1. Creo que mezclas el concepto lameculos, que los hay incluso en el soviet o en la casa ocupa, con el de trabajador competente.
    [descalificaciones eliminadas]
    La culpa del propio fracaso es m´´as f´´acil cargarsela a los dem´´as.

    • Hola, Jaume.
      A pesar de que tu comentario contiene descalificaciones hacia mi persona, basadas únicamente en tu completo y profundo desconocimiento de mí, he preferido publicarlo eliminando dichas descalificaciones.
      Es cierto que la culpa del propio fracaso es más fácil atribuírsela a los demás, estoy totalmente de acuerdo. Eso tendrás que predicárselo a los fracasados. Te sugiero que no apartes la oreja de la prédica.
      En cuanto a tu confusión del primer párrafo, seguramente se deba a una concepción paleofascista de la sociedad que domina tu pensamiento.
      Un trabajador competente no es el que le hace favores personales al jefe en su tiempo particular, desde luego que no. Si es tu caso, deberías hacértelo mirar.
      Espero que te mejores de tus confusiones y que destierres el fascismo de tu vida.
      Saludos.

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