Yes, you can


Dejar de ser imperialista es fácil si sabes cómo


Si sabes cómo, es fácil alcanzar casi cualquier meta. Incluso las más difíciles metas han sido alcanzadas durante generaciones por personas que, simplemente, se lo han propuesto. En un momento determinado, esas personas sintieron la necesidad de abandonar una actitud, de dejar atrás una forma de vida perniciosa para la   salud propia y, en ocasiones, para la salud ajena. Tal vez, no pocos de entre ellos, se sintieron avergonzados de su propio comportamiento, si hay algún exfumador en la sala, es posible que entienda muy bien lo que digo. ¿Quien no ha oído alguna vez historias de ladrones arrepentidos, de violadores que piden ayuda para someterse a la conocida como castración química y que, a priori, debe ser suficiente para capar de raíz su desordenada necesidad sexual? Se han oído historias, famosas por escasas, de personas que han conseguido salir de la droga por la puerta principal. Se conocen incluso casos de presentadores de shows televisivos que han confesado su falta de respeto por la inteligencia de la audiencia. Son, todas ellas, historias de superación, ejemplos de progreso humano, de mejora continuada.

Yes, you can. Sí, ustedes pueden.

Ustedes pueden dejar de ser imperialistas. Estoy seguro de que pueden conseguirlo. Solo tienen que proponérselo y seguir al pie de la letra las siguientes indicaciones:

—El territorio más allá de sus fronteras no es suyo y no deben considerar que algún día pueda o deba serlo.

—El territorio más allá de sus fronteras, así como la población que lo habita, no tiene por qué ser vigilada por sus agencias de “inteligencia”

—Las personas que habitan más allá de sus fronteras no deben ser consideradas por ustedes como de menor categoría.

—Las personas que no tienen la misma visión de la vida que ustedes, no son sus enemigos y, por lo tanto, no deben ser vigiladas estrechamente, perseguidas o encarceladas. Y mucho menos torturadas o asesinadas por sus soldados. Por lo que no deben conformarse con colocar a sus soldados muertos en la lista de bajas por terrorismo y a las víctimas asesinadas por sus soldados en la lista de “daños colaterales”.

—Las ideas son y serán inasequibles a sus armas.

—Los recursos naturales que no se encuentran en su territorio, no son de su propiedad, ni deben ser considerados por ustedes como sus recursos, bajo ningún concepto, incluido el concepto de sus armas o sus amenazas de aislamiento internacional.

—Las religiones distintas a la cristiana o a la judía, son igual de respetables que ellas.

—El terrorismo no se combate con terrorismo. Suponiendo que exista un primer terrorismo. Por lo tanto no deben ustedes exportar a otros países las necesidades de su industria bélica.

—El dinero que ustedes no poseen no les está llamando a voces para ser poseído por ustedes algún día.

—No deben ustedes dar por sentado que todos los que nos encontramos más allá de su frontera, veremos con buenos ojos que sus tropas se paseen por nuestras tierras, ni siquiera bajo el engañoso lema de “misión humanitaria”.

—Los gobiernos extranjeros que no ven con buenos ojos sus actitudes imperialistas, y eligen libremente seguir sus propios designios, no deben ser represaliados con bloqueos económicos, con acosos mediáticos, o con tergiversación de informaciones malintencionadas.

—No deben ustedes restringir a otros países la misma capacidad nuclear con la que ustedes amenazan desde hace décadas a todo el género humano. Su país es uno de los pocos del mundo de los que sí se ha podido demostrar la existencia de armas de destrucción masiva.

—Nadie les ha nombrado como el cuerpo de policía mundial, por lo tanto deben abandonar de raíz tal actitud prepotente.

—No deben ustedes considerar que son los mejores habitantes del planeta, es muy probable que no sea así.

—No deben ustedes considerar que plantar un restaurante de comida rápida en mitad del desierto es hacer el bien, o llevar la democracia hasta allí, pues con ello se habrán alejado de ambos objetivos.

Si ustedes hubieran trabajado por la paz, tan solo la mitad de lo que han trabajado por la guerra, tendríamos un mundo mejor, un mundo que no reconocerían ni los padres que les fundaron.

Puede que solo sea una impresión mía, pero estoy convencido que estas primeras indicaciones les acercarán a tan solo un paso de abandonar definitivamente su inútil, estéril y peligrosa actitud imperialista. Y, quién sabe, quizás algún día, algún personaje destacado de su gobierno se merezca el premio nobel de la paz.

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