Reflexiona, despierta, vota, échales!


En la víspera de las elecciones generales del 20N, hoy es jornada de reflexión.

Muchas personas llevamos mucho tiempo reflexionando, intentando entender un poco, aunque solo sea un poco, este sistema de cuyo poder dicen que mana del pueblo.

Tras los primeros minutos de reflexión es fácil darse cuenta de que la imagen del poder manando del pueblo no es más que un dogma de fe. Un dogma de fe en el que ya solo creen los Sigue leyendo

La nacionalidad fiscal


En los grandes medios de comunicación se hace mucho hincapié en la nacionalidad de la empresa que ha realizado tal descubrimiento, o que ha obtenido tales beneficios, o que ha ganado tal contrato. Según se puede comprobar, el dato de la nacionalidad no falta en ninguna crónica informativa económica. Eso sí, siempre que la noticia tenga un contenido positivo; porque de lo contrario solo se menciona la nacionalidad de la empresa si ésta procede de algún país cuyos dirigentes están en el punto de mira del terrorista sistema financiero internacional.

En el caso de España los medios tienen la costumbre de “felicitarse”, y casi de felicitarnos, por los logros de Sigue leyendo

Marco Licinio Craso, precursor de especuladores


(Por su indudable y rabiosa actualidad reproduzco hoy este artículo que publiqué el pasado 29 de enero)

A muchos les asusta el poder despótico que despliegan los especuladores financieros cada vez que tienen ocasión. A muchos sorprende el desparpajo con que nos despojan de derechos y nos sobrecargan de obligaciones. Otros muchos creen que se ha desatado en el Hombre una novísima cadena de sentimientos malsanos que le llevan a enfrentarse, que le llevan a desear el aplastamiento del semejante. Pero han de saber que ese poder despótico, que ese desparpajo y que esos sentimientos malsanos no son cosa nueva sobre la tierra.

Mucho antes que los especuladores financieros, y tal vez sirviéndoles a estos de inspiración, existió alguien que desarrolló con gran éxito esas habilidades infernales y esa falta de escrúpulos que adornan a todo especulador que se precie de serlo. Su nombre: Marco Licinio Craso.

Marco Licinio Craso fue un Sigue leyendo

Los cuatro votos


Que quién ganó en el debate cara a cara entre Rubalcaba y Rajoy, me preguntaban esta mañana, “no sé quién ha ganado ni me importa, pero sé quién ha perdido, el pueblo llano y soberano” he contestado.

La simple existencia del debate a dos era el peor síntoma de la enfermedad mortal que aqueja a esta símil-democracia. Su celebración con dinero público (con dinero de mucho, muchísimo público, que no votará ni a uno ni a otro), es la subida de la fiebre; y el discurso anodino y vergonzante de ambos supuso la entrada en crisis aguda de este enfermo sistema social en el que a duras penas subsistimos.

Los dos candidatos mayoritarios, es decir, los que mayoritariamente nos enchufan los medios, son prácticamente Sigue leyendo

El secuestro de la voz del pueblo


¿Por qué debemos seguir creyendo que vivimos en una democracia?

A un pueblo del que se dice que vive en democracia se le suele permitir que hable en las urnas, cada cuatro años por ejemplo. Tanto se ha repetido esta fórmula que muchos ya ven normal que el pueblo no hable en un momento distinto a cuando se le permite. Es más, hasta ven mal que lo haga o intente hacerlo fuera de ese calendario establecido. Una contrariedad que las autoridades intentan satisfacer mediante el uso indiscriminado de las fuerzas de “orden público”, como se ha hecho contra el 15M en todas sus formas, en todos sus tiempos y en todos sus apéndices.

En España, los políticos que nos están pidiendo su voto y nos están Sigue leyendo

La Tercera Guerra Mundial, parte de guerra


Los libros de Historia mencionan infinidad de conflictos armados, ya entre países, ya entre comunidades, ya entre religiones, ya entre ideas, ya por intereses económicos, ya por amor… Las hubo cortas y largas, desiguales y disputadas, con cambios de fronteras y con cambios de gobiernos, las hubo geográficamente inexplicables, las hubo de frentes amplios y también concentradas en una ciudad, se desarrollaron por tierra, por mar y por aire… Pero por encima de todas estas circunstancias, todas las guerras sin excepción, tuvieron dos cosas en común, a saber: 1.- Incontables víctimas civiles inocentes y 2.- Ambos bandos eran conscientes de estar envueltos en un conflicto.

Pero hete aquí que la Tercera Guerra Mundial es distinta a todas las guerras anteriores, porque aunque Sigue leyendo

Los bancos y la indignación, un amor imposible


 Leo en el diario El País del día 28 de octubre una noticia que lleva por título: “La exigencia de 26.000 millones provoca indignación en la banca“.

La verdad es que uno tiene derecho a indignarse cuando los políticos le exigen 26.000 millones de euros. Aunque resulta un poco chocante tal indignación cuando ese dinero tiene como destino resucitar el propio negocio privado del interesado, en este caso un banco, por causa de una mala gestión que ha derivado casi todos los beneficios al bolsillo aún más particular de su cúpula directiva, y el resto lo ha vertido por la alcantarilla de la mala gestión.

Es de suponer que tendría mucha más razón de ser tal indignación si el dinero se lo pidieran los políticos a estos banqueros para dárselo a una tercera persona, con el objetivo de sanear las cuentas de esta última. Eso sí que tiene que ser para indignarse, y mucho.

Bien por desgracia o simplemente porque somos completamente idiotas, no es preciso suponer o imaginar un caso como el del ejemplo, pues se trata de un caso real, con la casi indistinguible diferencia de que el dinero que piden los políticos para sanear las cuentas de los bancos se lo piden a los ciudadanos, y más que “pedir” bien podríamos decir “robar”, pues no se tiene noticia de nadie a quien le hayan preguntado antes de meterle la mano en la caja.

Este expolio de las cuentas públicas es la forma preferida de atentar contra el pueblo que tiene la banda terrorista financiera conocida con el nombre genérico de “bancos”, mediante su despiadado brazo armado: los políticos, que no son sino la cara B de Robin Hood, robando a los pobres para dárselo a los ricos.

Por todo ello, la indignación que dicen sufrir los bancos no es otra cosa que recochineo puro y duro.

Pero la insaciable banca terrorista siempre quiere más. No contenta con quedarse con el dinero público, la banca también se las ha arreglado para quedarse con las viviendas de los ciudadanos, de los mismos ciudadanos a quienes ya han desposeído de su dinero. Ayudada por los políticos y con la connivencia y colaboración necesaria de un tal Juan Carlos Palito, la banca ha conseguido la aprobación de leyes (ver ley 37/2011) que le permiten adjudicarse las viviendas procedentes de embargos por impagos hipotecarios y quedárselas por un importe del 30% de su valor de tasación (una tasación que encarga, paga, y por lo tanto determina, el propio banco ex profeso). Además, como todo el mundo sabe, este acto vil de apropiación indebida no libraría al ciudadano de un pago posterior de cuanto al banco se le ponga en la punta de la voluntad pedirle, porque ya sabemos que la dación en pago es un personaje de ficción, habitante de mitologías, fábulas infantiles y otras obras del mismo género como por ejemplo los programas electorales.

Todo esto se produce en un contexto en que la Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD), esa ayuda de los países más desarrollados hacia los menos desarrollados, y que debería alcanzar el 0,7% (como mínimo) del Producto Interior Bruto, se queda en un 0,4%, mientras que las ayudas a fondo perdido a la banca terrorista alcanzan, precisamente ese mismo 0,7% . Se hace necesario, hoy más que nunca, cambiar el nombre de la AOD, por el de la AOB: Ayuda Oficial a la Banca, o Ayuda Oficial a los Beneficios, o Ayuda Oficial a los Bandidos, o como ustedes quieran.

Si por todo ello, los bancos se han indignado tanto, no quiero ni pensar cómo se pondrán si se enteran de que tengo en mi hucha un buen puñado de monedas de 5 céntimos que ellos aún no controlan. Se me ponen los pelos de punta solo de pensarlo.

A cada terrorista le llega su San Martín